La composición resalta la Encarnación, centrándose en el Espíritu Santo que desciende "en forma de paloma" dentro de un disco dorado, y en el Niño diáfano sobre el pecho de la Virgen, siendo este último un tema iconográfico bastante raro. El paisaje acuático también es bastante singular, y procede principalmente de himnos eclesiásticos.
La figura arremolinada del Arcángel se ha comparado con las figuras danzantes de las antiguas ménades, mientras que la expresión concentrada del rostro de la delicada figura de María indica el estado emocional profundamente conmovido de los protagonistas. El icono es una obra maestra de la última fase del arte komneniano y, como demuestran los detalles técnicos, debió de ser pintado por un artista constantinopolitano.