Durante su estancia en Egipto (del 24 de julio de 1798 al 1 de febrero de 1799), Napoleón Bonaparte se preocupó especialmente por la seguridad del monasterio y la de sus monjes debido a su devoción por Moisés, y porque, como afirmó, "el monasterio del monte Sinaí está poblado por hombres cultos y civilizados". El 29 de Frimaire del séptimo año de la Democracia (19 de diciembre de 1798) promulgó un Decreto (Arrête) con el que garantizaba los derechos del monasterio, y lo ponía a él y a sus monjes bajo la protección de su gobierno, exentos de impuestos y derechos de aduana; también ordenó a las autoridades cívicas y militares que velaran por que los monjes no fueran acosados.