Los iconos asociados al culto, como los iconos de la Gran Deesis (Cristo, la Madre de Dios, los Arcángeles y los Apóstoles) adquieren gran importancia en la producción iconográfica del Sinaí durante el siglo XIII. Su contribución a la evolución del iconostasio es bastante significativa.
Estos cuatro iconos -pintados en el monasterio, por un artista de Constantinopla- pertenecen a este tema iconográfico y a un iconostasio y son evidentemente obras maestras asociadas al arte monumental de Constantinopla. Poseen una cualidad de plasticidad griega, producida con el uso de sombras y brillos claros, y tonos de color graduados, y también un sentido de melancolía. La imagen frontal y majestuosa de Cristo muestra un fuerte sentido del clasicismo, y parece haber utilizado como prototipo el icono de Cristo [2] realizado en encáustica en el siglo VI. Aunque las figuras adquieren profundidad, lo que nos remite a estilos pictóricos anteriores, conservan su carácter etéreo, y sus miradas revelan un sentido de trascendencia.